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Fiesta de los Abrazos 2010 Como es habitual el Centro Cultural Proletario realizó una simultánea de ajedrez en la fiesta de los abrazos 2010, en esta oportunidad se jugaron un aproximado de 200 partidas (como 100 partidas diarias), lo que demuestra que tal simultánea ya es un clásico dentro de la gama de actividades que se realizan en la fiesta de los abrazos. También se realizo un nuevo lanzamiento del libro "Ajedrez en Chile" del escritor Ángelo Guiñez, los encargados de la presentación fueron su autor y el MF Marcelo Llorens. A continuación los dejo con el texto de Marcelo Llorens. Próximamente publicaremos fotos del evento.
Sábado 9 de enero 2010. Presentación “El Ajedrez en Chile” Por Maestro FIDE. Marcelo Llorens Sepúlveda Hoy no vengo a hablar de pomposos reyes ni de lujosas reinas paseándose por las 64 casillas, ni tampoco de conocidos versos escritos por poetas amantes del juego ciencia, sino más bien vengo a hablarles de unos locos peones revolucionarios que están trabajando para devolverle el prestigio al ajedrez y a los maestros que lo practican. Porque el ajedrez es como la vida y como ella nos trae penas y alegrías. Tan parecida a la vida es que hasta una dictadura tuvimos desde 1987 hasta el 2005, donde se escribieron las páginas más oscuras del ajedrez nacional. Era costumbre, en esos días, denigrar al ajedrez, tanto en la parte organizacional como así también en la parte deportiva. Muchos fuimos los que queríamos jugar a cualquier precio y a cualquier circunstancia. Por ello, ahora recordando el pasado, veo con tristeza esos viajes interminables (3 o 4 días en bus) para representar a Chile en algún torneo Panamericano o Mundial que se disputara en Brasil, Colombia o Ecuador, con un viático de piezas y tableros de ajedrez para venderlos allá y conseguir algo de dinero para nuestros gastos, o de esos sofocantes Campeonatos de Chile, seguramente en el peor de los Clubes de Ajedrez “Sanitarios Copiapó” o más conocido como “el wáter”. De esos malos tiempos sólo un maestro sobrevivió, César Velásquez es el último de ellos, en sus hombros descansa la suerte del ajedrez nacional en su parte formativa. Sin su incansable trabajo seguramente las nuevas generaciones serán consideradas bastardas o acéfalas, sin la guía de un maestro que les muestre el camino, como lo hicieron conmigo y muchos otros jugadores que tuvimos la suerte de conocer al maestro Pedro Donoso (Q.E.P.D). Maestro Velásquez, gracias por no asilarse en Francia el año 1974, ya que estoy seguro que el ajedrez chileno no tendría ni remotamente el nivel actual. Afortunadamente los malos tiempos ya pasaron, y una forma de demostrarlo es con el lanzamiento de este libro “El Ajedrez en Chile”. Un libro que gritaba por nacer, una historia de cientos de años esperando ser contada, pero esta vez no por el rico sentado en su lujoso palacio escribiendo con pluma de oro la historia a su conveniencia, sino más bien por un trabajador incansable, que se preocupó de conocer en profundidad este maravilloso mundo del ajedrez. Un trabajo serio, donde Ángelo nos muestra el ajedrez de 1800, ese de caballeros con sombreo y guantes, hasta el ajedrez actual, con tremendas computadoras capaces de vencer a cualquier humano. Las ilustres visitas de varios campeones mundiales, entre ellos Alekhine y Capablanca, que pasaron por Chile, no sin llevarse varias derrotas propinadas por incipientes maestros nacionales, que entre paréntesis es una de las partes más hermosas de este deporte. “Cualquiera puede perder una partida de ajedrez, hasta el campeón mundial”. –Juego maldito! Reclamaba con suspicacia un conocido maestro luego de perder una partida –Si hubiese sabido que era tan difícil me dedico a la pallalla”. Con especial dedicación se muestran todos los campeones de Chile con sus torneos y cuadros estadísticos, las participaciones chilenas en las Olimpíadas, un popurrí de fotos, que más de alguna lágrima sacarán a los viejos maestros. En fin, un material exquisito. Por este inmenso trabajo, que me consta nunca será remunerado ni en un pequeño porcentaje a su autor, por esas noches de conversación y discusión, por el hecho de contar nuestra historia y que permanecerá en el tiempo para las nuevas generaciones, simplemente gracias. Y gracias también a todas aquellas personas que trabajan en silencio, esos que llevan las mesas, que ponen piezas, que le dan cuerda a los relojes, los que vacían los ceniceros, pero especialmente gracias a uno que seguramente anda en estos momentos trabajando en silencio. Somos todos peones de un mismo tablero. |